La WNBA se encuentra en un momento crucial, ya que jugadoras, afición y analistas debaten su futuro financiero y operativo. Angel Reese, novata en la liga, desató recientemente la polémica al sugerir que las jugadoras podrían declararse en huelga si no mejoran los salarios y las prestaciones. Sus comentarios han generado un debate más amplio sobre la estructura financiera de la liga, su dependencia de los subsidios de la NBA y los retos para lograr la rentabilidad.
### El debate salarial.
El salario de novata de Angel Reese, de $74,000 al año, ha sido objeto de fuertes críticas. Si bien esta cifra puede parecer razonable para algunos, no cubre los gastos básicos en las grandes ciudades donde se encuentran los equipos de la WNBA. Esto resulta aún más impactante al compararlo con los ingresos previos de Reese como atleta universitaria en LSU, donde su valoración NIL (Nombre, Imagen y Semejanza) alcanzó los $1.8 millones gracias a acuerdos con marcas como Reebok y McDonald’s. Muchas jugadoras consideran que la estructura salarial de la liga no refleja su valor ni su esfuerzo.
### Realidades financieras.
Críticos como Patrick Bet-David han señalado que la WNBA nunca ha obtenido ganancias desde su creación en 1997. Según informes, la liga pierde 50 millones de dólares al año, y sus ingresos —estimados entre 150 y 200 millones de dólares— están muy por debajo de los gastos. En marcado contraste, ligas como la NFL y la NBA generan miles de millones de dólares en ingresos anuales, de los cuales las jugadoras reciben el 50 %. Las jugadoras de la WNBA, por otro lado, reciben solo el 9,3 % de los ingresos de su liga.
Las dificultades financieras de la WNBA han llevado a algunos a calificarla de “empresa zombi”, que sobrevive únicamente gracias a los subsidios de la NBA. Estos subsidios ascienden a entre 10 y 12 millones de dólares anuales, lo que pone de relieve la dependencia de la liga del apoyo externo.
### Crecimiento de la Asistencia y la Audiencia.
A pesar de estos desafíos, hay indicios de progreso. La asistencia a los partidos de la WNBA aumentó un 48 % el año pasado, alcanzando los 2,3 millones de espectadores. Las ventas de artículos deportivos aumentaron un 61 %, y la audiencia televisiva de ESPN se disparó un 170 %, con un promedio de 1,2 millones de espectadores por partido. Gran parte de este crecimiento se atribuye a estrellas emergentes como Caitlin Clark, quien ha cautivado a los aficionados y ha aportado una visibilidad sin precedentes al baloncesto femenino.
### La amenaza de huelga.
Si bien las huelgas han tenido éxito en ligas como la NFL, la NBA y la MLB —cada una de las cuales era rentable en su momento—, la situación financiera de la WNBA hace que una huelga sea menos viable. Los analistas argumentan que una huelga podría, de hecho, ahorrar dinero a la liga al reducir los costos operativos, lo que complicaría aún más las demandas de las jugadoras de un aumento salarial.
### El camino a seguir
Para lograr la sostenibilidad, la WNBA debe centrarse en aumentar sus ingresos mediante patrocinios, acuerdos con los medios y estrellas con potencial de mercado como Caitlin Clark. La visión de la comisionada Cathy Engelbert de una liga autosuficiente es crucial. Sin embargo, las tensiones internas entre las jugadoras y la resistencia a aceptar figuras populares como Clark podrían obstaculizar el progreso.
En última instancia, la liga se enfrenta a una disyuntiva: adaptarse y crecer o arriesgarse a perderlo todo. Si bien los recientes aumentos en asistencia y audiencia son prometedores, la WNBA debe abordar sus principales desafíos financieros para asegurar un futuro viable tanto para sus jugadoras como para sus aficionados.